El ácido fólico es ampliamente conocido por ser uno de los complementos vitamínicos por excelencia a tomar cuando estás embarazada con el fin de favorecer el correcto desarrollo del bebé. Por consiguiente, un aporte suficiente de este micronutriente adquiere especial importancia, tanto antes como en las primeras fases del embarazo.

El ácido fólico o vitamina B9 es una vitamina hidrosoluble, lo que significa que, un exceso de este micronutriente no se almacena en nuestro organismo, sino que se elimina por la orina.

Las fuentes alimenticias de las que se obtiene esta vitamina son tanto de origen animal como vegetal, siendo las principales fuentes:

  • La carne de cerdo, que constituye la principal fuente animal
  • Verduras de hoja verde como espinacas, lechuga, espárragos, acelgas y coliflor
  • Legumbres y cereales integrales
  • Los frutos secos
  • Algunas frutas como los cítricos, las fresas, el melón y el plátano

Entre sus funciones, el ácido fólico participa en la síntesis de ADN y contribuye al desarrollo del tubo digestivo, médula ósea y tejido nervioso. Por este motivo, un aporte materno suficiente de folatos desarrolla un papel crucial durante el desarrollo del tubo neural del feto, ya que disminuye el riesgo de padecer malformaciones congénitas como la espina bífida. Esta malformación surge como consecuencia de un fallo en el desarrollo de la estructura primaria que dará lugar más adelante al cerebro y a la médula espinal del pequeño.

Además, un déficit de ácido fólico también puede tener efectos perjudiciales para la salud e la madre ya que puede ser causante de una anemia megaloblástica, provocada, habitualmente, por un aumento de los requerimientos de la madre durante este periodo y que cursa con síntomas hematológicos, psiquiátricos y digestivos.

Muchas veces, durante el embarazo, es complicado alcanzar los niveles óptimos de ácido fólico únicamente mediante la dieta, por lo que es necesario optar por alimentos fortificados o suplementos. Cabe destacar que toda suplementación durante el periodo de embarazo y lactancia ha de ser consultada y pautada por un especialista ya que un posible desequilibrio en el aporte de este micronutriente puede tener repercusiones negativas para la salud de ambos.

En este sentido, la ingesta diaria recomendada en una situación normal sería de 300 a 400 microgramos. Sin embargo, durante el periodo de embarazo, esta dosis aumenta hasta 600 microgramos al día, además, se aconseja ingerir esta cantidad tanto antes como durante la primera y segunda mitad de la gestación.

En resumen, la combinación de una ingesta de alimentos ricos en ácido fólico y una correcta suplementación bajo la supervisión de un especialista, contribuirá al correcto desarrollo del bebé y también a cuidar de la salud de la madre.