INTERPORC trabaja en el diseño de una ‘Hoja de Ruta’ que marque el camino de la sostenibilidad medioambiental del sector porcino de capa blanca en los próximos años.

El éxito alcanzado en los últimos 30 años por el sector porcino de capa blanca en la reducción de su huella medioambiental es incuestionable. Frente a bulos y medias verdades sin contrastar que utilizan algunos grupos en contra de la carne, los datos oficiales muestran una verdad que dibuja un sector, unas empresas y unos profesionales preocupados por la mejora continua de los procesos de producción.

Una preocupación y una profesionalidad que ha permitido alcanzar resultados notables en materia medioambiental en el conjunto de la cadena de valor porcina.

Se ha trabajado de manera holística en la eficiencia de uso de los recursos naturales como el agua, en la composición de piensos, en el empleo de energía, en la valorización de subproductos como los purines o en la gestión logística de movimientos de animales y carne.

Eso se ha traducido, en éxitos en éxitos como la reducción, entre 1990 y 2021, del 30% en el uso de agua por kilo de carne producido.

Además, según se puede extraer de los datos del Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero y del Inventario Nacional de Contaminantes Atmosféricos (1990-2021), publicados este mismo año por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), las emisiones de amoniaco han bajado un 34,8% y las emisiones GEI por cabeza de ganado un 43,9%.

De ese mismo informe se puede extraer el que quizá sea el dato que mejor refleja la situación real en el apartado medioambiental del sector porcino: que sólo es responsable del 2,43% del total gases emitidos en España.

Cifra muy alejada de la que se suele atribuir al sector y, sobre todo, alejadísima de los porcentajes de dos cifras que corresponden a otros sectores de actividad.

Aspirar a más

Es innegable que la situación es mucho mejor de la que se quiere dar a entender en algunos foros, pero también es preciso entender que en este tema no se puede parar.

Por ello, la Interprofesional del Porcino de Capa Blanca (INTERPORC), está trabajando en una hoja de ruta que marque el camino de la mejora continua en materia medioambiental.

Un análisis que aporte a las empresas porcinas la ayuda y la información que precisan para seguir alcanzando hitos en su objetivo de eficiencia y reducción de la huella ambiental en todos los eslabones de la cadena. Y, lo que es casi igual de importante, también incluirá cómo monitorizar dichos avances, de manera que en todo momento se pueden tomar las mejores decisiones direccionadas a la consecución de los objetivos marcados.

El trabajo se estructura en cuatro grandes áreas:

  • Cambio climático (gases de efecto invernadero, huella de carbono y huella ambiental, sumideros de carbono…).
  • Calidad del aire (medición y reducción de emisiones de amoniaco).
  • Economía circular (circularidad en la cadena de valor, purines, lodos, alimentación de los animales, subproductos de origen animal no destinados al consumo humano, biogás, calderas de biomasa en granjas e industrias, alternativas a los plásticos, gestión de otros residuos sólidos, medición de los procesos de valorización…).
  • Agua (consumo en la cadena de valor y reducción de los impactos).

El sector porcino de capa blanca ha integrado la sostenibilidad medioambiental en su ADN y se ha autoexigido la excelencia medioambiental. En esta línea, el sector porcino de capa blanca continúa trabajando para seguir dando respuesta a las crecientes exigencias legislativas y sociales en esta materia.