El cerdo está unido desde siempre a la alimentación en la península ibérica. Y la mejor prueba es que los recetarios de todas las regiones de España incluyen platos tradicionales en los que el porcino o es protagonista central o un actor invitado fundamental.
Además, la carne y los elaborados cárnicos de porcino forman parte de la dieta mediterránea, considerada por los expertos como una de las más equilibradas del mundo.
Es la dieta que nos ha mantenido sanos durante generaciones, y que contribuye decisivamente a ubicar a España en los primero lugares del ranking de países con mayor esperanza de vida.
Porque, además del sabor, que los productos porcinos van sobrados en ese apartado, no podemos olvidarnos de lo realmente importante: la salud.
En ese tema, científicos, nutricionistas y expertos en alimentación lo tienen muy claro:
- Para cubrir adecuadamente las necesidades de nuestro organismo, recomiendan el consumo semanal de entre 3 y 4 raciones de 100 a 125 gramos de carnes magras como la de porcino.
La razón es muy simple:
- Los cortes magros de porcino tienen un alto valor biológico y nutricional.
- Por eso su consumo aporta los nutrientes que necesitamos para una alimentación completa.
Hablamos de nutrientes como proteínas, minerales como el hierro y el zinc; todos los aminoácidos esenciales y las vitaminas del grupo B.
Estas últimas son muy importantes para la salud porque permiten el correcto funcionamiento del sistema nervioso e inmunitario. Y, en concreto, la vitamina B12, es esencial para el desarrollo de los glóbulos rojos y el cerebro.
Es conveniente incidir especialmente en este último punto porque hay una hay una cierta confusión sobre todo lo que se refiere a la vitamina B12.
Para dejarlo claro desde el punto de vista de la ciencia, no de una mera opinión particular…
- La vitamina B12 prácticamente solo está presente en los productos cárnicos.
- Es cierto que se puede ingerir químicamente, pero la realidad científica muestra que dichos suplementos solo cubren en parte su carencia por no comer carne.
- Eso por no hablar de la incongruencia de denominar ‘alimentación natural’ a sustituir un nutriente de un alimento mediante una pastilla química.
Todos los nutrientes que hemos comentado tienen unos beneficios muy específicos que los convierten en especialmente adecuados para determinadas franjas de edad.
Por ejemplo, ayudan al desarrollo cognitivo de los niños, así como beneficia a su sistema inmunitario, a sus músculos, dientes y sistema nervioso. También ayuda a reducir su cansancio.
En el caso de las mujeres, principalmente en edad fértil o embarazadas, los productos porcinos reducen la posibilidad de deficiencias de hierro y les proporcionan el mayor aporte proteico que necesitan.
Los deportistas obtienen en la carne de cerdo los aminoácidos que precisan para su desgaste muscular, las vitaminas B que necesitan para metabolizar los hidratos de carbono y nutrientes que reducen su sensación de fatiga.
En cuanto a los mayores, los productos porcinos cubren su necesidad de alimentos de alta densidad nutricional y bajo contenido en grasa. Así, les ayudan a prevenir o reducir patologías como la osteoporosis o la anemia ferropénica, además de ser muy beneficiosos para su huesos y músculos.



