Los resultados del último ejercicio completo, 2023 confirmaron que se está produciendo un cambio de etapa en el sector porcino en el que se prioriza el valor sobre el volumen y la calidad sobre la cantidad.

Para situar mejor este nuevo escenario, hay que entender de dónde venimos. Durante varias décadas, este sector ha experimentado un crecimiento significativo, gracias a su excelencia, la apuesta por la profesionalización y el incremento de la demanda de nuestros productos, especialmente en mercados internacionales.

Gracias a eso, se ha producido el salto de tener una presencia casi nula en el extranjero a convertirnos en uno de los líderes mundiales indiscutibles. En el rival a batir en los mercados más disputados del planeta.

Es decir, se pasó de abastecer predominantemente al consumidor español a satisfacer las necesidades de más de 4.000 millones de personas en más de 130 países de todo el mundo. Un éxito sin precedentes y reconocido como caso de estudio de éxito que se ha basado en la estrategia de diversificar mercados.

Así llegamos a 2023, el año en el que, como decía, las cifras mostraron un cambio de ciclo que ya se apuntó ligeramente en 2022.

En concreto, se produjo una reducción en los datos del número de sacrificios y del volumen tanto de carne producida como de las exportaciones sectoriales.

Sin embargo, también fue un año en el que se alcanzó un saldo comercial positivo récord de 8.297,1 millones de euros.

Es decir, se produjo menos, pero con unos resultados económicos excelentes.

La razón es el cambio de etapa que comentaba. El sector porcino ya está presente en prácticamente todo el mundo, ya hemos alcanzado una gran cuota con un volumen de venta fantástico… ahora el objetivo es otro: se prioriza el valor sobre el volumen y la calidad sobre la cantidad.

Estos son los criterios auténticos con los que se debe analizar la fotografía actual del porcino de capa blanca en España.

Hoy las cifras que definen la estructura del sector nos muestran que hay un total de 68.500 granjas; que se maneja un censo de 31,02 millones de cabezas; y que en el último año se redujo el número de sacrificios un 6,53%, pero la producción de carne solo un 3,57% hasta sumar 4,85 millones de toneladas.

Esa menor producción, pero de más calidad y valor, tiene su principal reflejo en el resultado de las exportaciones que, tras una fase de crecimiento constante durante varios años, ya en 2022 bajaron algo en volumen, aunque siguieron subiendo el valor.

Esa tendencia se consolidó en 2023, confirmando el escenario actual. Durante ese ejercicio se exportaron 2,75 millones de toneladas de carne y productos porcinos por un valor de 8.918 millones de euros, una cifra de facturación histórica. O lo que es lo mismo, un 5,98% menos en volumen con un incremento delo 7,53% en valor.

Todos estos datos de producción y exportación reconfirman el citado reajuste o reordenamiento en la estructura productiva del sector para ser más eficientes en cuanto a resultados.

Por lo tanto, estamos en momento muy bueno al que se ha llegado con una apuesta clara por la eficiencia productiva; la apuesta por la innovación y la economía circular; la creación de empleo, principalmente en zonas rurales; y el compromiso total con el bienestar animal, la bioseguridad y la seguridad alimentaria en toda la cadena.

Un enfoque en la eficiencia y el valor añadido que es fundamental para responder a las nuevas exigencias de los consumidores y navegar en un contexto de incertidumbre, inflación, exigencias regulatorias y tensiones políticas.